En este artículo os hablaré de los engaños en el espiritismo y la videncia de los que hablaba Lafora en sus artículos y las discusiones de los defensores de Argamasilla y Lafora. Debido a que Lafora pretendía hablar de varios casos de fraudes lo dividiré en dos partes. La discusión con los defensores de argamasilla y la parte de los engaños diversos.
Primera parte del artículo : http://www.terramaxica.es/2016/03/la-vision-traves-de-los-cuerpos-opacos.html
Esperitismo, videncia y engaños :
Gonzalo Rodríguez Lafora (Madrid, 25 de julio de 1886 - íd., 27 de diciembre de 1971) fue un neurólogo y psiquiatra español, discípulo de Santiago Ramón y Cajal y de Luis Simarro, descubridor de la enfermedad que lleva su nombre.
Lafora en el periódico "El Sol", el 1 de Agosto, se hacía eco de la realidad del encuentro entre Houdini y Argamasilla. Nos contaba :
"Las revistas y periódicos de Norteamérica conceden en estos días gran espacio al famoso prestidigitador Houdini, que se ha dedicado a poner en ridículo a los hombres de ciencia, engañados por espiritistas y videntes, y a sorprender a éstos en sus hábiles trucos.
Houdini ha venido a demostrar que los psicólogos, los médicos y los físicos son tan fáciles de engañar como los abogados, los artistas o los sacerdotes. Cualquier prestidigitador les sorprende, exactamente lo mismo que a los otros profesionales que no se consideran técnicos. Houdini ha conseguido demostrar los trucos de la famosa "médium" señora Crandou, de Boston, que ya tenía embaucado a la Comisión de hombres científicos que la examinaban. Construyó un gabinete especial, en el cual la "medium" no pudo conseguir ninguno de los fenómenos con que antes sorprendía a los hombres de ciencia. Por esto, en el artículo que "Wilson" dedica a Houdini en "The New Republic" el 24 de Junio de 1925, dice con razón, que "la verdad es que en una junta de científicos, de la cual Houdini forma parte como un miembro, es Houdini el único científico.

Se repite ahora el mismo caso que en Francia hace veinte años, cuando Dicksonn, otro prestidigitador, reveló los trucos numerosos de los "mediums", en su libro "Trucs et mystéres devoiles" y se puso a disposición de un comité de científicos para examinar las demostraciones de los "mediums", sin conseguir que los hombres de ciencia le aceptasen como colaborador. Sucedían por entonces (1905) aquellas famosas materializaciones (ectoplasmas), que eran comprobadas y fotografiadas por el profesor Richet, de París.
Dicksonn dirigió una carta a Richet donde le decía si no creía conveniente la presencia de un prestidigitador en los experimentos sobre la las materializaciones de Argelia y que el había ido siempre que le habían llamado.
Dicksonn no obtuvo respuesta. Años despúes fué sorprendido el fantasma de las materializaciones de Argelia, que era el cochero de la señora del general, y el nombre de Richet fué objeto de las más enconadas burlas.
La revista norteamericana "The Scientific American" había ofrecido un premio de 5.000 dólares a la persona que demostrase ante el mencionado Comité científico, que poseía algún poder nuevo o extraño. Nadie había podido conseguir dicho premio, y a ello había contribuído Houdini, con sus agudas observaciones.
También nos contaba como Houdini, ofertaba 10.000 dólares al que demostrara algún hecho espiritista (imponiendo él las condiciones para evitar el fraude). Con ello conseguía argumentos de mucha fuerza frente a la credulidad apasionada de los incautos y de algunos hombres de ciencia que se dejan engañar por vulgares embaucadores."
01 - El Sol (Madrid. 1917). 181925
El día 10 de Agosto de 1925, Lafora escribía nuevamente en "El Sol" el artículo "Metapsíquica y Fraudes". Esto nos decía :
Facilidad del Engaño
Los aficionados a sesiones de espiritismo, videncia y demás exploraciones de lo maravilloso son, en su mayoría, seres crédulos o semicrédulos, con una disposición innata a admitir lo que es vulgar, a aceptar todo lo sobrenatural. Esta tendencia psicológica es la que les atrae a las sesiones. El "médium" o el prestidigitador, tiene, pues, que esforzarse poco para convencerles. Por esta razón "Wilson", en su artículo sobre Houdini, en "The New Republic" (24 de junio de 1925), dice : "La realidad es, sin embargo, que entre la gente que asiste a las sesiones la dificultad para el "médium" no estriba en convencerles de lo genuino de los fenómenos, sino en no hacer las cosas tan mal, que puedan sospechar los clientes."

Siembre hay numerosas explicaciones plausibles cuando los fenómenos no ocurren ; los mismo con los videntes que con los que realizan sesiones espiritistas. La credulidad de los asistentes llega hasta límites insospechados. Refiere "Wilson" de un "médium" que una vez, en una sesión que no marchaba bien, al darse cuenta de la imposibilidad de sacar la mano para ejecutar en la oscuridad los movimientos de los objetos esperados, se vió obligado a recurrir a tocar con la cara a la cliente, a fin de hacerle sentir la presencia del espíritu. Cuando lo hizo, recordó que estaba sin afeitar y temió se descubriese la superchería; pero la señora le animó diciéndole que había comunicado con la esencia del espíritu bajo la forma de un contacto eléctrico. Esta es la verdadera situación de la benevolencia del aficionado a los fenómenos sobrenaturales. Un mediano prestidigitador está en situación de hacerles aceptar todos los fenómenos imaginables. Ningún hombre de ciencia se encuentra tan preparado para sorprender los "fraudes" como el prestidigitador profesional.
Lo más cómico del caso sucede cuando los hombres de ciencia recurren al testimonio de un acta notarial para que certifique la realidad de los fenómenos observados. Esto sucedía en Madrid con algunas de las comisiones que examinaron a un vidente español. Se pretende en estos casos imponer la infalibilidad del notario ante los posibles trucos de un prestidigitador. Las experiencias de Houdini han echado por tierra esta ingenuidad científica. Un notario es tan fácil de engañar como un matemático o un barítono.

El gran éxito de Houdini, en Norteamerica, ha sido demostrar prácticamente que un prestidigitador, atado de pies y manos, puede manejar sólo con la cabeza un megáfono y sorprender a sus clientes con voces raras y alejadas, y lanzamientos de objetos, exactamente iguales a los que realizan los "médiums" más acreditados, y, por otra parte, que sometiendo a cualquier "médium" a que ejecute sus experiencias en una cámara preparada por Houdini, aquél es incapaz de producir ningún fenómeno sobrenatural. La demostración es evidente.
La habilidad principal de un "médium" consiste, pues, en poderse desligar de la sujeción de los miembros, y con éstos libres, o con la cabeza, ejecutar en la oscuridad o semioscuridad de las sesiones espiritistas los movimientos e infinitos trucos que sorprenden a los clientes, y que ha descrito minuciosamente Dicksonn en su libro "Trues, et mystéres devoilés", algunos de los cuales resumiremos luego.
Francesco Carancini, Italy, circa 1890s?
Esta habilidad para desligarse de los que le sujetan o de las ataduras, es la única condición de un buen "médium". Édouard Claparède lo ha referido minuciosamente en sus investigaciones de Ginebra sobre el "medium italiano Carancini, el famoso imitador de Eusapia Palladino.
Édouard Claparède
El control de los médiums
Nada más difícil y fatigante que el control de un "medium" en la semioscuridad. Cualquier descuido, cualquier fatiga de la atención vigilante, en la larga sesión, es aprovechado por el "médium" para ejecutar un movimiento imperceptible y lanzar un objeto por el espacio. En sus "Remarques sur le controle des médiums" (Archives de psychologie, 1910), cuenta Claparède sus esfuerzos para vigilar a Carancini, en unión de Batelli, Cellerier, Flournoy, Yung, Stern y otros que asistieron a las diez sesiones de experiencias con dicho "médium". El espíritu del cual se valía éste en sus trances se llamaba "Giuseppe". En las sesiones de Londres, Roma y otras capitales se decía haber producido levitaciones, escritura en negro de humo y materializaciones. Los trucos que le sorprendieron en Ginebra fueron variadísimos. El estado de trance era una simulación, pues estaba con los ojos entrenados, observando a los asistentes, y despertaba en seguida que se le soplaba en una oreja. Los fenómenos no ocurrían más que en la oscuridad casi completa y despúes de larga espera.

Se sentaba en una cámara de tela, con una mesa a la derecha, a un metro de distancia, en la que había trompetas, pelotas, piano pequeño y otros objetos, y un velador a la izquierda. Los examinadores se ponían al lado del "médium", procurando sujetarle cada uno un miembro, pues siempre que se hablaba de atárselos se ofendía el "médium" y no lo permitía. Para hacer los fraudes se soltaba una mano o un pie; lo conseguía aproximándola a la otra mano para dar la sensación al examinador en la semioscuridad que tocaba su mano, y cuando conseguía distraer a alguno de los dos que lo sujetaban o engañarles, entonces se producía un fenómeno, consistente en desplazarse un objeto o sonar el piano.
Se le sorprendió golpeando con el pie derecho en la mesa, la cual se había pintado con tiza, que le manchó la bota. Se le sorprendió en un descuido de un examinador escribir con la uña en un plato ahumado la palabra "Pace", para luego ordenar a un asistente que escribiese esta palabra en la tela y verla aparecer en el plato. También fué sorprendido cogiendo una trompeta.
Cuando permitió que se le atasen sólo los pies, no se produjeron ruidos, ni movimientos de la cortina, y cuando permitió que le pusiesen mangas blancas en los brazos para poderlas ver en la oscuridad, no se movieron los objetos de la mesa. De este modo fueron sorprendiéndole en infinidad de trucos que desvirtuaban lo sobrenatural de los fenómenos.
La ventaja de un Houdini sobre estas comisiones científicas como la de Claparède, es que él sabe ejecutar también estos trucos, y sorprende más pronto las habilidades de los supuestos "médiums". Es por tanto, un investigador de la máxima competencia en los problemas del espiritualismo. Ha reunido una de las mejores bibliotecas sobre ocultismo, truquería, fraudes, etcétera, y se atreve a desafiar en público a los productores de los supuestos fenómenos sobrenaturales. Cree que todo es truquería y habilidad.
Fraudes Corrientes
Lafora terminaba recomendando el libro de Dicksonn, que había citado. En él nos decía que podíamos ver la explicación de las llamadas casas embrujadas, las levitaciones, los espíritus golpeadores, las mesas giratorias, la planchita para escribir al dictado de los espíritus, la escritura espontánea sobre papel, la cámara negra, las apariciones sobre el humo, la fotografía de los espíritus, la suspensión del pulso a voluntad, la videncia y la telepatía.
La mayoría de los trucos son una simplicidad increíble. Los únicos que tienen algo de interés psicológico son los de adivinación del pensamiento, que tanto vemos ejecutar en teatros y sesiones privadas. Vean cómo lo describe Dicksonn : "En principio el operador cuenta con manejar la persona que se ofrece para que le adivine el pensamiento. La tiene por la mano, recomendándole que piense enérgicamente, en el acto, y en el orden en que debe ejecutarlo el adivinador, y si éste se equivoca debe pensar en seguida que no es aquéllo y concentrar la atención en lo que tiene que sugerir. En estas condiciones el conductor se convierte en un indicador, y no dejándole avanzar en los errores, le da la vía que debe seguir. En suma : el fenómeno marcha un poco al azar, ciegamente, guiado por la mano del conductor y por el juego de la fisonomía de los espectadores, en cuyos gestos lee el adivinador cúando "quema" como se dice en el juego del escondite. Cuando no sale bien una experiencia, por casualidad, el adivinador pretexta falta de energía del conductor o la intervención de una voluntad extraña. Aparte de estos posibles errores y para evitarlos, los adivinos cuentan con colaboradores diseminados por la sala de los teatros, con los que consiguen un éxito contante con que contrarrestar los errores cometidos con individuos del público desconocido.
Estando en Buenos Aires, hace dos años, nos invitaron en una ilustre casa a una sesión de adivinación del pensamiento. Actuaba de adivino uno de esos numerosos magos italianos que llenan nuestros teatros. Ejecutaba, vendados los ojos y sin que nadie le acompañase, ni le tocase con la mano, los actos que un grupo de asistentes imaginaba. En un silencio completo empezaba a orientarse en la habitación con movimientos nerviosos y dudando antes de cada paso, pero al final resolvía todos los mandatos. Observamos que utilizaba como guía para sus movimientos el murmullo o los movimientos involuntarios de admiración que entre los asistentes producía cuando, tanteando en el espacio, señalaba la parte por donde "quemaba"; así iba lentamente corrigiendo sus errores, hasta realizar el acto que se le pedía. Percatados de este truco, conseguimos que la audiencia, compuesta principalmente de señoras y de algún caballero, permaneciese completamente inmóvil y sin ninguna manifestación de asombro; desde aquel momento el fracaso del adivino fué rotundo; no acertó ni aproximadamente ninguno de los cinco actos que se pensaron, y, por fin, se despidió algo irritado con nosotros y prometiendo avisarnos otro día para demostrarnos la realidad de sus facultades. Hasta ahora no lo ha hecho.
Cuando se ha leído algo sobre la cuestión, resulta muy fácil percatarse de las nuevas habilidades que cada uno de estos supuestos adivinos exhibe. No menos interesantes son los trucos de los videntes; pero no nos queda espacio para tratarlo.
DR. G. R. Lafora
03 - El Sol (Madrid. 1917). 1081925