domingo, 17 de mayo de 2015
El 30 de octubre de 1938, Orson Welles (1915-1985) y el Teatro Mercury, bajo el sello de la CBS, adaptaron el clásico La guerra de los mundos, novela de ciencia ficción de H.G. Wells, a un guion de radio.

En 1935, tres de cada cuatro familias norteamericanas poseían un receptor de radio, con unas ventas aproximadas que ascendían a los ocho millones de aparatos al año. La gente aceptaba cuanto recibía a través de este medio como la verdad absoluta , lo cual es llamativo teniendo en cuenta que se trataba de un medio de comunicación extraordinariamente joven. Las grandes cadenas norteamericanas, la NBC y la CBS, tenían solamente una década de existencia cuando Orson Welles llevó a cabo su histórica emisión y mucho de lo que entonces se emitía aún tenía un carácter novedoso y experimental.

Los norteamericanos se conectaban por vez primera con los acontecimientos mundiales. Pudieron escuchar las charlas de Roosevelt, seguir casi en vivo la historia del secuestro del hijo de Lindbergh, enterarse del desastre de Hindenburg, o saber de las andanzas de Hitler y Mussolini en la lejana Europa.
Cuando llegó el turno de la adaptación de “La guerra de los mundos”, Welles le encargó al guionista Howard Koch que hiciera una ambientación situada en los Estados Unidos de aquella época y narrada como una serie de boletines informativos, lo que, en teoría, serviría para darle más intensidad a la emisión. El lugar designado para el “aterrizaje” de los marcianos fue Grover´s Mill, Nueva Jersey. Durante los siguientes seis días Koch escribió hasta darle forma al guión. Los actores no estaban demasiado complacidos con la obra. No les parecía serio interpretar una invasión marciana. A pesar de ello el trabajo contunuó hasta apenas minutos antes de la emisión, el domingo 30 de octubre de 1938, la víspera de Halloween, a las ocho de la tarde.
La emisión comenzó con un anuncio del presentador : - La columbia Broadcasting System y sus emisoras asociadas presentan a Orson Wells y el Mercury Theater en las ondas con La guerra de los Mundos de H.G. Wells.

Welles comenzó con una breve descripción de la serie de la que formaba parte esta emisión, para despúes comenzar él mismo la narración del programa :
- Sabemos que en los primeros años del siglo XX este mundo estaba siendo vigilado de cerca por inteligencias más desarrolladas que la del hombre, aunque igual de letales... Sabemos ahora que los seres humanos ocupados en sus diversos asuntos estaban siendo escrutados y estudiados, quizá casi tan de cerca como un hombre puede escrutar bajo el microscopio los organismos que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia la gente iba y venía sobre la Tierra inmensa en sus pequeños asuntos, tranquila en la certeza de su dominio sobre este pequeño fragmento giratorio de materia solar, el cual, por azar o por designio superior, ha sido heredado por el hombre a través de un inmenso vacío etéreo, mentes que son a las nuestras lo que estas a las de las bestias de la selva, intelectos enormes, fríos y hostiles, se fijaron en esta Tierra con ojos envidiosos y lenta, pero inexorablemente, trazaron sus planes contra nosotros. Estamos a finales de octubre. Los negocios florecen. El miedo a la guerra ha remitido. Más hombres regresan al trabajo. Las ventas ascienden. Esta tarde en particular, el 30 de octubre, el servicio Crosey estima que 32 millones de personas se encuentran escuchando la radio.
Tan pronto como Welles terminó su introducción dio comienzo un informe meteorológico. Despúes, un locutor anuncia que el programa continuará desde el Salón Meridian del Hotel Park Plaza de Nueva York, con la música de Ramón Requello y su orquesta.

En primer lugar ciudadanos de Nueva Jersey salieron en la caza de los marcianos y fue un milagro que los únicos daños registrados se cifraran en la destrucción de un viejo molino de viento, confundido con una de las máquinas de la guerra de los invasores. En Indianápolis, una mujer entró en una iglesia gritando que se trataba del fin del mundo y consiguió que todos los feligreses partieran raudos a sus casas. En Pittsburg, un hombre pudo impedir a tiempo que su mujer se suicidara ingiriendo veneno.
Mientras tanto, Welles continuaba con su programa, ajeno al caos que estaba originando. El productor ejecutivo, Davidson Taylor, comenzó a recibir las primeras noticias del desconcierto ocasinado y ordenó que se leyera un aviso en medio de la emisión, un aviso que, nadie pareció notar en medio de aquel clima de histeria colectiva. El programa duró casi cincuenta y nueve minutos: los primeros cuarenta correspondieron al falso noticiario, que terminaba con el locutor en la azotea de la CBS falleciendo a causa de los gases :

- Las calles están abarrotadas de gente. El ruido de la muchedumbre es semejante al que se oía la noche de Año Nuevo. Un momento, ¡atención!... El enemigo está ahora a la vista. Se observan cinco grandes máquinas. La primera cruza en estos momentos el rio. Puedo verla desde aquí vadeando el Hudson como un hombre que atraviesa un arroyo. Me entregan ahora un boletín... En todo el país están cayendo cilindros marcianos. Uno en las afueras de Búfalo, otro en Chicago, en Saint Louis... Parecen caer a intervalos regulares... La primera máquina está llegando a esta orilla. Se detiene un rato vigilando a la ciudad. Su cabeza de acero llega al nivel de los rascacielos. Parece estar esperando la llegada de las otras máquinas. Se yerguen como una línea de nuevas torres en la parte occidental de la ciudad... Ahora levantan sus manos metálicas... ¡Esto es el final! Sale humo... un humo negro que avanza sobre la ciudad. La gente corre por las calles, ahora lo ve. Todos corren hacia East River... miles de ellos caen al agua como ratas. El humo se extiende con mayor rapidez. Caen como moscas...

Tras este dramático final, la emisión continuaba con la narración en tercera persona del profesor Pearson (Orson Welles), que describía la muerte de los invasores. Finalmente, el programa terminó y todo Estados Unidos se dio cuenta de su error. Así despidió Welles a sus oyentes aquella noche :

- Hasta la vista a todo el mundo y recuerden, por favor, durante un día o algo así, la lección terrible que aprendieron esta noche. Ese invasor globular, reluciente, que apareció haciendo muecas en las salas de sus casas, es solo un habitante de la imaginación; y si llega a sonar el timbre de su puerta y no ven a nadie allí, no crean que fue un marciano... fue el genio travieso que aparece la víspera de Todos los Santos.
Welles abandono los estudios por la puerta de atrás para evitar la multitud vociferante y al grupo de periodistas que lo esperaban frente a la entrada principal. A la mañana siguiente los diarios de todo el mundo recogían la noticia. Welles alarmado por la polvareda que se había levantado, pidió públicamente disculpas por lo sucedido. En su defensa, acudieron la flor y nata de la intelectualidad estadounidense, incluidos los columnistas de los principales diarios, que señalaron en sus artículos cómo la travesura de Welles había puesto en evidencia los peligros que conlleva la histeria colectiva. Este hecho le dio más publicidad a Welles y pavimento su camino hacia Hollywood. Al guionista, Howard Koch, tampoco le fue mal; dirigió con Welles “Ciudadano Kane".




La Tragedia de Radio Quito - 1949:
El director del programa, Leonardo Páez

El sábado 12 de febrero de 1949 en la ciudad de Quito se llevó a cabo una adaptación similar a la de Welles, en Radio Quito. La emisora era de las más prestigiosas del país. El director Leonardo Páez quiso que el radioteatro fuese lo más real posible, y muy pocos estaban al tanto de la farsa. Un locutor interrumpió la transmisión de un número musical en vivo para informar sobre un supuesto objeto volador sobre las Galápagos, y más tarde, que un platillo volador había descendido en las afueras de la ciudad. Los actores de radioteatro hablaban a través de un vaso para distorsionar su voz, y se oían supuestas órdenes militares de fondo, y supuestos mensajes provenientes de otras radioemisoras avisaban del peligro de una nube de gas venenoso que se acercaba.


 Incendio del edificio de El Comercio por efecto del impacto de la transmisión del programa “La Guerra de los Mundos” (1949)

La transmisión no duró más de 20 minutos, hasta que la gente descubrió la verdad. Se produjo una verdadera agitación popular; primero tiraron piedras y ladrillos contra el edificio de "El Comercio" (donde funcionaba la radio y este periódico, ubicado en el centro de la capital, apenas a una cuadra del edificio de correos). Los aceites de la imprenta del periódico, sumados al papel, hicieron que el incendio tomara fuerza rápidamente. La policía, viendo que se trataba de una burla, no socorrió a los artistas, periodistas y demás personas del edificio, quienes intentaron ponerse a salvo saltando al techo de otro edificio colindante.
Cinco personas murieron entre las llamas. Los daños se calcularon en 8 millones de sucres, muy por encima de los 2,5 millones del seguro.

Radio Quito estuvo fuera del aire durante dos años, reanudando su transmisión el 30 de abril de 1951.

Fuentes :

Libro - 20 grandes fraudes de la historia :
https://books.google.es/books?id=c6OVoe7jgRcC&pg=PA32&dq=orson+welles+la+guerra+de+los+mundos&hl=es&sa=X&ei=gMhXVbaRAojjU979gdgN&ved=0CDEQ6AEwAjge#v=onepage&q=orson%20welles%20la%20guerra%20de%20los%20mundos&f=false
http://es.wikipedia.org/wiki/La_guerra_de_los_mundos_%28radio%29
https://cienciaficcionecuador.wordpress.com/2013/12/13/la-guerra-de-los-mundos-al-estilo-ecuatoriano/
https://cienciaficcionecuador.wordpress.com/2014/09/10/lo-fantastico-de-los-marcianos-en-quito/

1 comentario:

  1. Somos tan estúpidos en creer todo lo que nos "cuentan" los medio; hay que saber discernir y tener criterio crítico, o las tragedias serán inevitables.-

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